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jueves, 9 de febrero de 2012

La vida es una tómbola


Eso decía Mari Sol en su película hace unos cuantos años atrás, pero ahora...

El camino hasta el cole de Andrea en Cizur Mayor, por las mañanas está lleno de padres y autobuses que llevan a los niños y niñas a todos los colegios que hay por el recorrido que hacemos. Esto se traduce en atascos, domingueros varios, conductores nerviosos, impetuosos y otros como yo...

En el semáforo de Plaza de los Fueros:

A.- Papá, está en verde, ¿es que no lo ves o es que no te das cuenta?
De nada sirve explicarle que aunque el semáforo esté en verde, si el coche que hay delante no arranca, nosotros no podemos pasarle por encima.

En la rotonda de Sancho el Fuerte con Erlotokieta o San Juan Bosco:

A.- Pero, ¿por qué paras? tira antes de que llegue aquel coche que si no estaremos parados un rato y vamos a llegar muy tarde.
Tampoco parece interesarle la norma de que el vehículo que está circulando por la rotonda tiene preferencia sobre nosostros.

En la rotonda de calle Esquiroz con Iturrama.

A.- ¡Bah! Está claro que hoy llegaremos tarde otra vez. Si no te metes poco a poco dentro de la rotonda, los coches no te dejarán pasar.

¡Puf!

Por la carretera de la Universidad:

A.- Papá no hace falta que te pegues tanto a los árboles, los otros coches también tienen que apartarse.

En la rotonda pequeña de la carretera de la Universidad con la carretera que va a Cizur:

A.- Claro. Ahora vas a dejar pasar a ese autobús y seguro que nos hará ir muy lentos.

Sin comentarios.

(...)

Otro día, cuando regresábamos del colegio mamá y yo decidimos ir al Carrefour y al llegar a la altura del Colegio Mayor Santa Clara, en el cruce que hay al lado, yo decido girar para ir hasta la Avenida Aróstegui. Allí hay que hacer un Stop y con todos los autobuses de la mañana regresando a Pamplona, padres con prisa, domingueros varios (da igual que sea lunes o viernes...) arrancar en ese sitio es complicado para mí.

Mamá.- Ahora pudes. Arranca ya. ¿A qué esperas?
Papá.- No. Ahora no puedo.
A.- ¿Cómo que no? Si no venía nadie. Arranca ya papá.

La mamá se ríe un poco.

A.- Pero dale ya. Que van a venir otros coches y no vas a poder pasar. Que no viene nadie.
M.- Hasta la niña te lo dice.
P.- (Paciencia)

Una vez iniciada la marcha...

A.- Papá, ¡cómo conduces! parece que te dieron el carnet en una tómbola.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Las casillas del parchís


Supongo que como cualquier otra niña, cuando mi hija pasa mucho tiempo en casa sin salir a un parque o a pasear, el ambiente familiar se empieza a cargar un poco y casi siempre, ella termina castigada.

P.- Como sigas así te voy a castigar sin ver dibujos animados, 2 días. ¿Qué te pasa, que estas tan nerviosa?

A.- Te tengo que contar algo que yo sé que no te va a gustar nada.

P.- Bueno, cuanto antes lo hagas, antes pasará lo que tenga que pasar. No te preocupes y cuéntame qué te ha pasado.

A.- En el colegio, en el patio del colegio, he vuelto a pegar a una niña.

P.- ¿Te ha pegado ella primero a tí?

A.- No. No me ha pegado pero...

P.- Pero bueno, ¿cuántas veces tendremos que decirte que no se ha de pegar? Tienes que intentar defenderte si te pegan a tí, pero no tienes que iniciar ninguna pelea ni ser una pegona.

A.- Pero es que me sacan de mis casillas papá; yo tengo 10 ó 14 casillas nada más y cuando se me gastan tengo que pegar...

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Con paso firme...


La pasada noche, en casa de la familia G. A. no se ha podido dormir muy bien. Mi hija se ha levantado como unas tres veces por sus problemillas con la laringe y los mocos que le obstrullen las vías respiratorias.
Esa noche no funcionó la cebolla partida encima de la mesita. Así que ha tocado levantarse para ayudarla y para darle un poco de jarabe.
Como resultado, una mañana más, la primera de este curso, hemos llegado tarde al cole.

A.- Papá, no puedes acompañarme hasta la puerta de clase.

Esa norma ya la concía de boca de mi mujer, pero quise oir la explicación de ella.

P.- ¡Ah! y, ¿hasta dónde puedo acompañar a mi hija dentro del colegio?
A.- Hasta el final de la rampa esta bien, más allá...
P.- ¿Por qué no puedo ir más allá?
A.- Papá, soy una niña de primaria. Ya soy mayor y tú sabes que puedo ir hasta clase yo solita.
P.- Pues vaya. ¿Puedo darle un beso a mi hija mayor de primero de primaria?
A.- Pues claro que sí. Aunque sea mayor, te quiero igual.

Que conste que me ha costado un mundo aguantar la compostura.

Y allí me he quedado, solo, en el final de la rampa, según sus instrucciones, después de recibir su hermoso beso de despedida, observando cómo se encaminaba hacia la puerta de entrada del colegio con paso firme y seguro, sin volver la cabeza atrás.

Así es mi hija...